Reflexiones sobre la cultura trans como espacio de liderazgo político, reivindicaciones y transformaciones sociales en Latinoamérica y Colombia
Directora de Transcolombia. Punto focal trans de Colombia de ILGALAC. Secretaria Suplente Trans de la Sub Región Andina de ILGALAC, Profesional especializado para la Política Pública en Salud de la Población LGBT-SDS.
Para muchas personas en Latinoamérica y en Colombia, las mujeres transgeneristas o las personas trans que vivimos en femenino, somos locas de la noche que jugamos a la hiperfeminización y a las top models, somos maricas vestidas de mujeres. En mi caso, no me disgusta que me lean en esas categorías, siempre he partido del principio de la autonomía, del ejercicio al libre desarrollo de la personalidad y de mi libre albedrío, para construirme en la cotidianidad desde el “ser” y el “estar siendo”. Poco o nada me ha importado en tantos años el “deber ser” desde lo social y culturalmente correcto.
Mis construcciones identitarias son diversas, cambiantes y se transformación de género, sexo, orientación sexual, cuerpo, indumentaria, etnia, clase social, ciclo vital, ideología y espiritualidad. Estas construcciones siempre han sido irreverentes frente a la “normalidad” y lo seguirán siendo, no solo para las y los heterosexuales dominantes, sino también para las y los homosexuales imperantes transfóbicos que siguen el juego a las discriminaciones, arguyendo que no son objeto de ellas, pero a su vez discriminando, estigmatizando, y hasta ellos mismos agrediendo a quienes defienden otras vivencias y construcciones que se salen de su “marco”. Esta situación nos sumerge, a las travestis, las transexuales, transformistas y personas transgénero, en el más oscuro y tenebroso rincón de la marginación. Pero esta reflexión inicial solo es un “abre boca identitario” que grita dentro de mí por salir a la palestra pública. Del tema que quiero hablar es sobre la cultura trans como espacio de liderazgo político, de reivindicaciones y transformaciones sociales en Latinoamérica y Colombia.
Antes de iniciar mi disertación sobre el tema quiero contar que mi deseo de escribir sobre el mismo nació a raíz de una conversación que tuve con mis amigos de lucha LGBT, Joshua y Rodrigo. Finalizando el 2008, ellos en su desconocimiento de la vivencias trans me preguntaron si las trans considerábamos el arte transformista como cultura. Esta inquietud les surgió durante el proceso de consulta ciudadana sobre la reforma del sistema distrital de cultura, en los espacio ciudadanos locales, donde ellos participaron y escucharon a un gay que estaba representado al sector. Este “representante” dijo que las transformistas no hacíamos cultura, que éramos antiestéticas, que éramos payasas y que él se cuestionaba si realmente era necesaria la creación del Consejo Distrital de Cultura de los sectores sociales LGBT.
Me pareció más que paradójico que alguien que supuestamente representa los intereses del sector LGBT, en un espacio de concertación o construcción de propuestas colectivas desde un enfoque de derechos, en vez de abogar por los mismos, se convierta en un ente disociador, en un ente que genera más estigmas, más discriminaciones, más vulneraciones hacia el derecho al arte, a la cultura y al patrimonio que poseen las personas trans. Pero “para muestra un botón”, como dice mi amigo Velandia, nos autoproclamamos representantes o hablamos a nombres de otros y otras, abogando por la no discriminación a las orientaciones sexuales pero endodiscriminamos en función de las identidades de género, sobre la base de supuestos, normas, ignorancias y percepciones personales, dejando atrás la objetividad.
La cultura y el arte transgenerista, y en especial el arte transformista, es un arte milenario, un arte que transciende siglos, fronteras, etnias, clases sociales, orientaciones sexuales y manifestaciones artísticas. En la antigüedad, en el teatro, en el canto lírico y otras manifestaciones escénicas, por determinados estereotipos, estigmas y normas ético morales, las mujeres no podían actuar, la actuación femenina era representada por hombres independientemente de sus orientaciones sexuales, hombres que se trasvestian para darle vida a los personajes femeninos . Otras manifestaciones como la literatura obligaban a las mujeres a adoptar un tránsito identitario hacia lo masculino, al adoptar seudónimos masculinos para poder sacar a la luz sus escritos. En muchas culturas han existido hombres que se travisten con maquillajes y/o indumentarias femeninas para sus rituales religiosos.
En Latinoamérica, el arte y cultura transformista ha estado presente desde hace muchos siglos, siendo Colombia un epicentro de divas transformistas desde hace más de 20 años. A través de presentaciones que he tenido la oportunidad de realizar en el exterior (La Habana mi tierra natal, Tabatinga, Buenos Aires, Lima, Quito, Caracas, Guadalajara), como Embajadora Colombocubana que ha compartido escenario con otras latinas, he logrado apreciar el valor incalculable que posee el transformismo colombiano. Las divas no solo se esfuerzan por su presencia impecable desde el vestuario y los accesorios (joyas); no solo se esfuerzan en llevar al escenario un doblaje perfecto, unos movimientos femeninos a través del performance escénico muy cercano a “lo real maravilloso mujer”; las divas en sus propuestas escénicas en bares, discotecas, teatros, en espacios del movimiento social, buscan ir más allá de la reverencia y el homenaje a las divas de la gran escena (Rocío Jurado, Rocío Durcal, Paloma, Isabel Pantoja, Madonna, La Lupe, Magie Carles, etc.), buscan ofrecerles a los y las espectadoras un arte y una cultura que les nace de sus corazones, entregando expresiones culturales que parten de habilidades y emociones diversas de su cotidianidad.
Colombia es cuna de divas transformistas master y legendarias como Linari Smith, Madame Berusca, Linda Lucía Callejas, la Chachis Show, La Lupita, Karen Michel, Adriana Fallaci, Mariana Falcón, Alexa. Es también cuna de grandes divas contemporáneas como Roxana Miranda, Grace Kelly, Raisa Minelli, Cristal, Lina Marcela Callejas, Jennifer Quiriloba, Esmeralda. Todas ellas han demostrado que la cultura trans es más que una puesta en escena de fonomimia, la cultura y arte trans está compuesta por actuación, histrionismo, expresiones corporales, movimientos de danzas, costumbres, hábitos y emociones.
Las transgeneristas liderezas en Latinoamérica y en especial en Colombia, hemos venido generando cultura y arte. Vale destacar nuestra participación en las movilizaciones y desfiles por motivo de la Marcha de las ciudadanías, también llamada Marcha del orgullo gay, participación que se remonta al inicio de estas celebraciones. Nuestra apuesta de utilizar el arte para comunicar, analizar y proyectar respuestas en promoción de derechos, prevención de vulneraciones, en transformaciones sociales, en defender la incorporación de la identidad de género como categoría o perspectiva en las políticas públicas, es en suma, una apuesta por utilizar el arte de la cultura trans como estrategia de advocay, empoderamiento social y generación de desarrollo organizacional.
Para dar respuesta, no a mis inquietos amigos Joshua y Rodrigo, sino a la persona que generó en ellos la inquietud, presente en aquel proceso de consulta ciudadana sobre el sistema distrital de cultura; para dar respuesta, por tanto, al gay cuya probable ignorancia y preconceptos endodiscriminatorios lo llevaron a negarnos a las trans y a negar nuestro arte y cultura; para dar respuesta a todos quienes comparten con él esas mismas ideas, voy a explicar lo que significa cultura y lo que significa arte, para invitarlos no a que compartan mi manera de pensar, sino a que él y los lectores y lectoras saquen sus propias conclusiones, desde lo que es real y objetivo.
¿Qué se define como cultura? Diversas referencias históricas, antropológicas, sociológicas, definen a la cultura como el conjunto de formas de vida y expresiones de una sociedad: costumbres, hábitos, prácticas, códigos, normas y reglas sobre la manera de ser, vestirse y concebir la religión, los rituales, las normas de comportamientos; así como todos los sistemas de creencias, información y habilidades que posee el ser humano. Para la UNESCO:
La cultura da al hombre la capacidad de reflexionar sobre sí mismo. Es ella la que hace de nosotros seres específicamente humanos, racionales, críticos y éticamente comprometidos. A través de ella discernimos los valores y efectuamos opciones. A través de ella el hombre se expresa, toma conciencia de sí mismo, se reconoce como un proyecto inacabado, pone en cuestión sus propias realizaciones, busca incansablemente nuevas significaciones, y crea obras que lo trascienden (1).
En ese sentido la cultura trans es cultura.
¿Qué es el arte? El arte es una forma de expresar información, es una manera para abstraer, conceptualizar y comunicar información, emociones, imágenes, sonidos, expresiones corporales. Dicha información no tiene por qué estar sujeta a límites. Puede transmitir ideas o sentimientos, limitarse a producir un efecto estético o incluso expresar percepciones y sensaciones que no sean explicables de otro modo. El arte suele estar asociada al concepto de belleza, dentro de las artes tenemos: la arquitectura, escultura, pintura, fotografía, cinematografía, artes gráficas, música, danza, el teatro y la literatura. Al interiorizar la definición de arte podemos afirmar que las trans generamos arte, que el transformismo es arte y que el arte genera construcciones identitarias trans.
[1] UNESCO. Declaración Universal sobre la Diversidad Cultural.

